Sus ojos volvieron a irradiar esa alegría, ese ensueño y ese júbilo que su espíritu juraría haber olvidado. Había abierto la puerta a un mundo mágico. A una realidad ignota; surreal, irreal, e hiperreal al mismo tiempo. Estalló en una estruendosa carcajada y se dio una palmada en la cocotera. ¡Qué tonta había sido!
Sus ojos volvieron a irradiar esa alegría, ese ensueño y ese júbilo que su espíritu juraría haber olvidado. Había abierto la puerta a un mundo mágico. A una realidad ignota; surreal, irreal, e hiperreal al mismo tiempo. Estalló en una estruendosa carcajada y se dio una palmada en la cocotera. ¡Qué tonta había sido!
ResponderEliminarTu dibujo de la India me ha inspirado para sentar las bases de un nuevo relato: "El juicio de la selva".
ResponderEliminarGracias por compartir estas maravillosas obras de arte. Las disfruto muchísimo y no te digo lo suficiente todo lo que me animan.