sábado, 28 de enero de 2012

La vida de Marianette Surprise Confiture (o la Gatita de la Cafetería, Marie Susie) Parte I

(La primera parte de la historia de una gatita muy especial y que surgió como personaje secundario de otra. Al final una tarde se me ocurrió un buen trasfondo para ella y terminó tomando mas protagonismo que la que era mi primera princesa (Lady Cerdita).
Relato escrito el 10 de Noviembre del 2009)

Marie Susie se acababa de ataviar con su largo camisón de seda azul marino rematado con ribetes de plateados y se disponía a tomar la ultima taza de leche caliente y meter sus delicadas zarpitas dentro de las sabanas donde la esperaba una confortable bolsa de agua caliente.
Pero Marie Susie con la taza de barro aun ardiendo entre sus mullidas patitas se quedó pensativa mirando su reflejo en la ventana 
¿O quizás estaba mirando mas allá?


Quien sabe, era una minina de pensamientos reservados.
Puede que fuese la niebla que empapaba todo el callejón con su manto, o quizás fuese la fecha, un triste veinticinco de Noviembre.

El mismo día, hacia ya varias décadas, había tenido lugar la mas horrible tragedia en la vida de nuestra persa añil.
Marie Susie no siempre había respondido a ese nombre y no siempre había regentado aquella cafetería tan peculiar. No estaba descontenta con su actual vida, llena de encantos cotidianos y conjuros a escondidas.
 Pero a veces no podía evitar perderse en posibles pasajes de su vida sobre: ¿que podría haber sido de ella?



La pequeña duquesa Marianette Surprise Confiture pertenecía a un resplandeciente e inmaculado mundo lleno de lujos donde sus uñitas hacían "clak clak" sobre el mármol de su habitación y por las mañanas le ponían sus zapatillas rosas de tacón mientras la obsequiaban siempre con un té dulce con leche caliente para hacer mas llevadero su madrugar.


Primogénita del Rey Bolito III vivía cada día como si fuese el ultimo, como si fuesen espejismos a punto de desvanecerse ¡Y con que razón!. Pese a haber crecido con todo tipo de comodidades y mimos, Marianette era generosa, dulce y aunque a veces tenia arranques de mal humor que terminaban con llantinas, era una gatita buena y llena de encantos.


Lo que no habían consentido contar a Marianette, pues sus padres se esforzaban en ocultarlo con esmero, es que dicha familia gatuna de la realeza había llegado hace muchísimos años des otras tierras muy lejanas, extrañas y que de dichas tierras se habían traído consigo unos dones especiales.

La magia.
Toda su familia sabia y podía hacer uso de la magia menos ella, que aun no tenia la edad suficiente para que se le revelase el secreto (Y se le hiciese una ceremonia por todo lo alto).

 A Bolito III le atormentaba que su extraña naturaleza saliese a la luz. ¿Que dirían los reinos vecinos ? ¿se asustarían de ellos?
 ¿Quizás les pedirían solucionar a golpe de varita problemas de sus reinos ?


No estaba del todo seguro de la reacción de sus aliados y por eso guardaba con celo la naturaleza de toda su estirpe. Aunque estas preocupaciones que le asaltasen de tanto en tanto, era un Rey orgulloso de su condición y de sus dominios , que gobernaba con mano firme pero con bondad.
 En la cima de una montaña, donde se encontraba dicho reino, gozaban del invierno todo el año y aunque esto pudiese ser una molestia para sus habitantes ellos estaban contentos y felices de vivir en tan maravilloso burbuja de cristal y etéreos copos de azúcar.



Pero una tarde fría y seca, de esas en las que el cielo está despejado pero casi preferirías que lloviese o nevase, en el reino había un gran revuelo. Cientos de habitantes del Reino de los Gatos Persas estaban siendo evacuados a la fuerza de sus casas y llevados en grandes furgonetas grises a “quien sabe donde”. Los pequeños mininos lloraban y sus madres desesperaban en el intento de consolarles.
¿Que estaba ocurriendo? ¿que habían hecho?
¿donde estaba el rey Bolito III cuando su pueblo necesitaba de el?



El rey aquella desapacible tarde celebraba el renacer de su muy querida hija la Duquesa Surprise Confiture. Y tanto era el alboroto, tan contentos se encontraban sus invitados, que nadie advirtió del peligro que se ceñía sobre la ciudad y su soberano.
Estaba todo preparado para aquella noche,
los manteles con complicados nudos brillaban como diamantes por toda la gran sala, las delicatessen estaban ya listas para servir y la joven Marianette bailaba al ritmo de la banda de música frente a su gran espejo en la colorida habitación haciendo hincharse su nuevo traje purpura de seda y tul.


Era su octavo cumpleaños y tenía el presentimiento de que algo grande la esperaba. La celebración estaba siendo infinitamente mas majestuosa que en otras ocasiones y su pequeño corazoncito latía con fuerza, con la premonición de que algo cambiaría su vida en esa noche para siempre.



Pero la duquesa nunca llego a ver la sala reluciente, con todas esas promesas de una vida llena de magia esperándole. De hecho, ella nunca vio nada. Un espeluznante grito seguido de otros tantos, llenos de pánico, la sobresaltaron y antes de que pudiese correr a ver que es lo que ocurría su madre entró jadeante en la sala abriendo de par en par las puertas.
La Reina recogió a su pequeña en brazos, descolgó rapidamente una capa blanca del diminuto perchero y salió a la carrera por los pasillos del precioso, pero en estos instantes confuso, palacio.



El Rey vecino, Lunocui VII, un gato siamés con ciertas ambiciones y envidias poco corrientes había convencido a otros dos soberanos del peligro que representaba Bolito III disponiendo de tan grandioso poder que era la magia.
 ¿Que sería de ellos si Bolito les atacaba? ¿Que eran ellos contra una horda de gatos peludos mágicos ? No eran nada.


Y si os preguntáis como se había enterado su majestad Lunocui VII del tan bien guardado secreto... bueno, digamos que las gatas no son elogiadas por su silencio y la señora de Lunocui era habitual en la sala de té de nuestra ahora, desdichada reina desterrada.
Un mal día suponemos, un momento de debilidad o de soledad, una palabra contada de mas que había destrozado muchas vidas.



Lunocui arrasó el reino y no dejó casa sin quemar ni persona por evacuar hasta su país, donde durante semanas hasta la intervención del Rey Cerdo (del que ya conocéis su buen hacer) trabajaron como esclavos para dicha casa real. Los ex súbditos de Bolito III fueron liberados y se esparcieron por todos los reinos que se encontraban al cuidado de aquel valle.

Ese fue el fin de la Casa de los Gatos Persas Añiles y de la magia en dicho lugar.

¿Y que fue de la duquesa y su bella madre?

Detrás de la estatua de rico marfil de una gran reina del pasado se abría con cierto esfuerzo un pasadizo de raíces y tierra húmeda que tenía su salida en el bosque de MentaNegra a la periferia del reino caído.

Desde aquel lugar se podía observar todo el reino en pirámide, un reino que ardía hasta los cimientos y que nunca sería reconstruido.
Pese a todo, Marianette, dormía en la falda de su madre, quien agotada, se había dejado caer en la hierba de escarcha.
Soñaba con su gran día, soñaba con su padre, el rey que la colmaba de cariño y que no volvería ver mas que en sueños como este.


Continuará...

1 comentario:

  1. Esta historia lleva tu marca de la casa: una leyenda fabulada, con animales personificados, un aroma almidonado y nombres y referencias pertenecientes a un mundo en apariencia dulce, pero realista y análogo al nuestro.

    No he podido evitar imaginarte escribiéndolo con una taza de té en mano y me pregunto en qué te habrás inspirado para escribirlo. Parece un cuento propio de la fantasía infantil, pero se aprecia un corte más maduro inserto entre líneas.

    Lo único que tengo que reprocharte es la sobreadjetivación; ¡sustantiviza más! (;P).

    Por lo demás, me ha gustado que resucitases ahora este relato y he podido hacer más lecturas, pero esas son para contártelas en privado ^_^.

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