(Relato corregido del 2 de Junio del 2009, música: Empty, The cranberries)
Aun recuerda el día antes de la Gran batalla. Había explotado un enfrentamiento entre los habitantes del bosque y los crueles e industriales invasores. Su madre le colgó una bolsa de cuero curtido a su espalda y en ella puso unos pedazos de carne medio crudos, pan y algunas moras recién cogidas del zarzal que había frente a su caseta de piel.
Ella había llorado. ¡Oh, claro que sí!
Podrían considerarla una desalmada, un animal sin sentimientos, pero no quería desprenderse de su familia, de su hogar, de su espléndido y misterioso bosque.
Ahora ya no llora, o quizás no tanto y nunca por esa razón. Había luchado por hacerse con honor un rincón en este despiadado mundo. Todo iba bien, mas o menos, sus compañeros la respetaban por lo que era, valoraban su talento con el arco y reían con ella en la taberna. ¿Era feliz, no? Hasta entonces no se preocupó por su piel curtida, sus manos asperas o los tatuajes cobrizos que recorren su cuerpo. Aquellas manchas eran el legado de su familia.
O no se preocupo, al menos, hasta que apareció el.
Era capitán de la caballería de su majestad y llegaba desde las tierras del norte. Quizás fue porque la trato de forma especial o a lo mejor fue por sus sabias palabras, puede que fuese la intensidad con la que hablaba y su talento como capitán. Ella nunca podría decir que fue exactamente lo que la impulsó a ese pozo oscuro de amor no correspondido.
Y se esforzó.
Sus maneras, su forma agresiva de hablar, hizo lo que pudo y nunca parecía suficiente. Si hubiese podido habría frotado sus tatuajes, su legado, hasta deshacerse de el por una mirada de aprobación ¡O incluso de deseo!
Aquella noche no podía dormir, el calor pegajoso y sofocante de adhería a sus sabanas de lino. Se vistió y salió por la ventana, donde crecía cerca un árbol en el que a veces se sentaba a disfrutar de las horas nocturnas y su quietud.
Desde ahí escuchaba música y alcanzaba a ver un trocito del mágico baile que se celebraba en el gran castillo. Ella nunca era invitada a esos bailes.
Algo la deslumbró.
Una hermosa y pálida jovencita con ojos del color del la mar cubierta por un traje vaporoso de telas rosadas.
Perecía un ángel. Llena de encantos, con su sonrisa iluminaba la sala. Se la veía feliz ¿Y quien no lo sería? A su lado, custodiando su belleza se encontraba el Capitán de la caballería, quien la seguía por la sala como perrito faldero.
No sufrió una decepción, es solo que... se había esforzado tanto, saber que todos sus sacrificios no habían tenido ni la mas mínima posibilidad... No deseaba competir con aquella señorita de belleza etérea .
Ella se decía que no le afectaba, que nunca se había hecho ilusiones, que nunca había deseado mas que la amistad que le profesaba el capitán. Pero no bajó de aquel roble en días.
No comía, ni dormía, tan solo observaba desde su refugio la sala de baila a oscuras que aguardaba otro gran baile. Desde aquellas ramas ella soñaba con una invitación que nunca llegaría, soñaba con trajes y compañías que nunca disfrutaría.
Al tercer día bajo resignada a seguir cumpliendo con sus obligaciones.
Una bolita blanca de pelo se removía entre las sabanas de su cama. Era un pequeño cachorrillo de lobo blanco, una rareza en aquellos lugares cálidos. Acercó la mejilla al diminuto y tembloroso hociquillo. Una cinta roja rodeaba el cuellecito de la criatura y de la cinta una carta colgaba.
"Para que ilumine ese oscuro camino que pareces recorrer estos últimos días "
Una semana después se encontraba de camino a los bosques de las colinas nevadas con "Destello", el pequeño lobito albino dentro de la bolsa de cuero que le regaló su madre. Ya había jugado a ser una persona normal durante mucho, quizás, demasiado tiempo. Ahora era hora de volver a casa, de aullar, de correr y de cazar, ya no tenía miedo, nunca mas volvería a estar sola."
Una hermosa y pálida jovencita con ojos del color del la mar cubierta por un traje vaporoso de telas rosadas.
Perecía un ángel. Llena de encantos, con su sonrisa iluminaba la sala. Se la veía feliz ¿Y quien no lo sería? A su lado, custodiando su belleza se encontraba el Capitán de la caballería, quien la seguía por la sala como perrito faldero.
No sufrió una decepción, es solo que... se había esforzado tanto, saber que todos sus sacrificios no habían tenido ni la mas mínima posibilidad... No deseaba competir con aquella señorita de belleza etérea .
Ella se decía que no le afectaba, que nunca se había hecho ilusiones, que nunca había deseado mas que la amistad que le profesaba el capitán. Pero no bajó de aquel roble en días.
No comía, ni dormía, tan solo observaba desde su refugio la sala de baila a oscuras que aguardaba otro gran baile. Desde aquellas ramas ella soñaba con una invitación que nunca llegaría, soñaba con trajes y compañías que nunca disfrutaría.
Al tercer día bajo resignada a seguir cumpliendo con sus obligaciones.
Una bolita blanca de pelo se removía entre las sabanas de su cama. Era un pequeño cachorrillo de lobo blanco, una rareza en aquellos lugares cálidos. Acercó la mejilla al diminuto y tembloroso hociquillo. Una cinta roja rodeaba el cuellecito de la criatura y de la cinta una carta colgaba.
"Para que ilumine ese oscuro camino que pareces recorrer estos últimos días "
Una semana después se encontraba de camino a los bosques de las colinas nevadas con "Destello", el pequeño lobito albino dentro de la bolsa de cuero que le regaló su madre. Ya había jugado a ser una persona normal durante mucho, quizás, demasiado tiempo. Ahora era hora de volver a casa, de aullar, de correr y de cazar, ya no tenía miedo, nunca mas volvería a estar sola."
Corre con los lobos la mujer salvaje. En su cabeza, los episodios de cientos de relatos y sensaciones que reviven. En su oído, el rumor del bosque y la llamada de la naturaleza, del hogar, apelándola. En su olfato, una explosión de olores nuevos. Sus ojos anegados por las imágenes de lo familiar, lo cotidiano y lo mágico. Evoca de su memoria un viejo refrán:
ResponderEliminar"(Haz) de lo familiar, lo extraño. Y (haz) de lo extraño, lo familiar."
No había raíz nudosa en la noche que pudiera zancadillearla. No había hoguera que la burlara con su luz. No había escalón que la hiciera tropezar y caer al agua. Era libre, al fin.
Me encantan tus comentarios ^_^ y... ¡Un refrán muy apropiado! Sin tiempo pata elaborar algo nuevo me deleito recuperando trocitos del pasado que merece la pena recordar, ya sabes. Elaboré mi propia guía con las experiencias y siempre es bueno echarle un vistazo para no perder el rumbo ;3 (En mi caso me hará falta un gps para volver a la posición inicial...xD)
EliminarP.D. A mi nunca me han burlado las hogueras... Ese es a otro que yo me se.
El refrán es un heurístico creativo que sirve muy bien para despejarse y para ver las cosas desde un ángulo distinto: más simple e intuitivo.
ResponderEliminarTe agradezco que me hayas dado acceso a este blog; me lo estoy pasando como un enano leyendo tus entradas. De hecho, yo también voy a rescatar algunas de mis movidas de hace años para ponerlas en el mío, ya que el blog que tenía antes lo he eliminado.
P.D.D. ad absurdum: Siempre sospeché que estabas aliada con la hoguera básica. O con la taza de té maquiavélica y temblorosa...