
Desde que era una niña, una enana molesta con el cabello corto y alborotado, siempre quise ser hechicera. Yo quería invocar unicornios del azucar moreno y que mis conjuros de agua dibujados con cera en la alfombra del salón se hiciesen realidad.
A día de hoy, con una veintena y media a mis espaldas, no he sido capaz de conjurar nada que no fuese el fuego de mi mechero, no conseguí convocar unicornios para que los demás los viesen e iluminasen sus vidas con el recuerdo, pero cada noche le doy un beso de buenas noches a uno verde e imaginario que descansa en mi balcón.
Porque los hechiceros, acechados por la tecnología y bajo el yugo del estrés de una vida corriente, ya no tienen tiempo para dedicarse a sus ajados pergaminos y sus pesados y enigmáticos grimorios, si no que guardan sus cantos en un word con letra número doce. Las pociones de amor y ungüentos de la buena estrella ahora huelen a fresa y plátano y son el recuerdo de una merienda memorable. Yo no vivo en una torre encantada, mi cuarto está en una segunda planta. Y no tengo polvos mágicos pero si de los inolvidables.
Porque los hechiceros, acechados por la tecnología y bajo el yugo del estrés de una vida corriente, ya no tienen tiempo para dedicarse a sus ajados pergaminos y sus pesados y enigmáticos grimorios, si no que guardan sus cantos en un word con letra número doce. Las pociones de amor y ungüentos de la buena estrella ahora huelen a fresa y plátano y son el recuerdo de una merienda memorable. Yo no vivo en una torre encantada, mi cuarto está en una segunda planta. Y no tengo polvos mágicos pero si de los inolvidables.
No puedo entenderlo ¡Cuanto hechicero perdido!
Ya no hay druidas para compartir secretos en la falda de una montaña, pero si hay brujas que te roban el bastón. Me licencié en conductas y comportamientos del dragon verde de Asia y ahora solo aspiro a cobijarlos en viejos mitos de una carrera de letras.
Hablamos con la mirada perdida, el oído en otra parte y la cabeza en Pekín (de donde son los dragones azules). Nuestras runas se pintan solas en servilletas de papel mientras pasamos el tiempo en las cafeterías.
¡Esto es un llamamiento para todos esos hechiceros perdidos! Ayudémonos los unos a los otros a sobrevivir y que esta digna profesión de mago de tres al cuarto no se pierda; que son muchos los que no entienden de magia y su delicada forma de manifestarse como para que nosotros también lo olvidemos.
Ya no hay druidas para compartir secretos en la falda de una montaña, pero si hay brujas que te roban el bastón. Me licencié en conductas y comportamientos del dragon verde de Asia y ahora solo aspiro a cobijarlos en viejos mitos de una carrera de letras.
Hablamos con la mirada perdida, el oído en otra parte y la cabeza en Pekín (de donde son los dragones azules). Nuestras runas se pintan solas en servilletas de papel mientras pasamos el tiempo en las cafeterías.
¡Esto es un llamamiento para todos esos hechiceros perdidos! Ayudémonos los unos a los otros a sobrevivir y que esta digna profesión de mago de tres al cuarto no se pierda; que son muchos los que no entienden de magia y su delicada forma de manifestarse como para que nosotros también lo olvidemos.
"A día de hoy, con una veintena y media a mis espaldas, no he sido capaz de conjurar nada que no fuese el fuego de mi mechero, no conseguí convocar unicornios para que los demás los viesen e iluminasen sus vidas con el recuerdo..."
ResponderEliminarMentira!!!
Tú me enseñaste mil conjuros durante ese breve tiempo que compartimos :) lo sabes bien. Y gracias a ti, conseguí mejorar un poco también mis hechizos.
Toda tú eres magia para mí!!
*TT////////TT*
EliminarMi princesita...
aish *Y////Y* te adoro y te echo mil de menos .
Has de hacer una escapada-viaje-mágico a mi reino Ó3Ò!!
EliminarYo también te echo mil de menos!!